Ha Long, Patrimonio de la Humanidad y Maravilla del Mundo Natural

Hace mucho tiempo, cuando los años aún no se numeraban, los invasores del norte intentaron entrar a Vietnam por cierta bahía, y el Emperador de Jade llamó a una familia de dragones en defensa de su tierra.

Cuando la flota enemiga estaba ya dentro de la ensenada, los pavorosos reptiles comenzaron a bombardearla con joyas, piedras preciosas y rocas de jade, hasta hundir o poner en fuga a los navíos enemigos.

Consumada la victoria, los insólitos proyectiles se convirtieron en cientos y cientos de islas e islotes que, al unirse, formaron una gran muralla que hizo inexpugnable a esa bahía, desde entonces llamada de Ha Long -“dragón descendente”.

Quien dude de la veracidad de la leyenda, vaya a la norteña provincia vietnamita de Quang Ninh, donde podrá apreciar la belleza incomparable de esas más de dos mil moles calcáreas de diversos tamaños que, agrestes como espalda de dragón, rasgan las aguas turquesas.

Hay solo dos sitios en todo el planeta que son a la vez Patrimonio de la Humanidad y Maravilla Natural del Mundo. Este es uno de ellos, y el otro, el río subterráneo de Puerto Princesa en la isla de Palawan, Filipinas.

Llegar a la bahía de Ha Long desde Hanoi apenas toma dos horas por carretera y hospedarse es muy fácil porque en la contigua ciudad homónima hay casi 100 hoteles con alrededor de 12 mil habitaciones para todos los bolsillos.

La experiencia para el viajero comienza a convertirse en mística cuando sube a una de las más de 500 embarcaciones de diverso calado que cada día serpentean por ese laberinto marino disperso sobre un millar y medio de kilómetros cuadrados.

En algunas de las islas mayores hay cavernas que de por sí solas merecerían la visita, y algunas tan espaciosas y altas que pudieran dar cabida a un pequeño barrio.

Una de ellas, tal vez la más impresionante, es Hang Sung Sot o Cueva de la Sorpresa, así llamada por los franceses porque nadie supondría cuán espaciosa es si la juzga por la estrechez de la entrada.

En su primera cámara, enhiesto, hay un miembro viril rocoso que apunta recto y sin recato hacia un hueco tan oscuro como provocativo situado en la bóveda de la gruta. Un capricho de la Naturaleza que cierta maliciosa criatura convierte en permanente motivo de broma.

En las faldas de una isla cercana, otra pequeña abertura en la piedra viva y a ras de agua permite pasar a una suerte de lago interior de ensoñadora hermosura. La hendidura es tan pequeña, que por allí solo es posible entrar en una barquichuela o un kayak (incluidos en el precio del crucero).

En dependencia del barco que tome (cumplen recorridos diferentes), el excursionista también puede visitar una entre varias aldeas de pescadores, o la isla Titov, así llamada en honor del cosmonauta ruso German Titov, quien en agosto de 1961 se convirtió en el primer ser humano en dormir y permanecer más de 24 horas en el espacio.

Al pie de ese mogote hay una playa artificial -no por eso menos bella ni refrescante- donde recalan casi todos los barcos turísticos que cruzan la bahía de Ha Long.

El costo de la travesía, dicho sea de paso, incluye un almuerzo a base de mariscos, aunque hay otros platos para quienes tienen la desdicha de ser alérgicos a los productos del mar.

Para lo que sí no hay menú alternativo es para la belleza: entra por todos los sentidos y deja tal complacencia, que cuando uno está en plan de retirada agradece a los benditos dragones el haber escupido sobre estas tierras tantas y tan preciosas joyas.

Prensa Latina

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