Cuba: Los olvidados de cada día

Accidente de tránsito.
Foto: Cortesía de la PNR.

 

La escena ocurre en flashazos, apenas tiempo para desentrañar el cómo, porque el qué ya es un hecho. Y solo unos segundos después de que ambas motocicletas pasaran frente a la parada donde esperas el ómnibus, zigzagueando, veloces… te percatas de que no tienes cómo asimilar la imagen de las dos parejas sonrientes, desafiantes, que antes ¿jugaban? a ganarle a la vida. La vida ahora es algo incierto que auxilia la ambulancia, mientras una de las chicas es llevada con urgencia al hospital.

Las guaguas en medio del caos se detienen, suenan los claxon una y otra vez, y la gente sube a bordo y en pocos metros la escena ¿común? ya no estará.

Y sin embargo, algo te martilla, porque se agolpan otras imágenes, que quizá no viste pero te contaron, o sufriste, o sentiste. Sabes que cruzar la avenida 23, aun con la luz en roja y el paso peatonal dispuesto, te es escalofriante. David lo hizo, con su novia, y a los dos un conductor«a exceso de velocidad» los atropelló de golpe. Él murió al momento, ella pasó meses en coma, y de algún modo también murió.

Porque de un siniestro de tránsito no se sale íntegro. Algo se marca. Y la seguridad, en la calle, es algo que cuestionarás entonces, siempre.

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Para quien conoce los medios y el mundo de la comunicación, sabe bien el peligro de «naturalizar» las cosas. Las noticias son capaces de volver lo terrible en «cotidiano». Y sabes que detrás de cada gran titular en los periódicos sobre graves colisiones ocurridas en algún lugar del país, del mundo, hay cientos, miles de otras de las que nadie más allá de los afectados, sabrá.

«Más de 3400 personas mueren diariamente en las carreteras. La mitad de ellas ni siquiera viajaban en automóvil. La devastación que estos incidentes causan a las víctimas, las familias, los amigos y las comunidades es incalculable», señala la Organización Panamericana/Mundial de la Salud.

La cifra anual de muertes por siniestros de tránsito se eleva cada año a 1,25 millones de personas y entre 20 y 50 millones padecen traumatismos no mortales, pero que son una causa fundamental de discapacidad, reporta la Organización Mundial de la Salud (OMS); que sin embargo, desglosa cuidadosamente estas estadísticas en su Informe Mundial de la Seguridad Vial, para decirnos que los traumatismos causados por los accidentes de tránsito representan el 48 % de las defunciones entre los adultos con edades comprendidas entre los 15 y los 44 años.

Es decir, pierde la vida mucha gente joven, sana, que no debiera, sin otra explicación que «un descuido», «una infracción», o varias. Muertes que hacen de los accidentes de tránsito un importante problema de salud pública, pese a los avances logrados en algunos países.

Justamente, el 12 % de las muertes ocasionadas por el tránsito a escala mundial tienen lugar en las Américas, donde los traumatismos cobran la vida de unas 154 089 personas al año, de acuerdo con el Informe 2016 sobre seguridad vial en la región, de la Organización Panamericana de la Salud. La tasa de mortalidad debida al tránsito en toda la región es de 15,9 por 100 000 habitantes, cifra inferior a la tasa mundial de 17,4. Sin embargo, tras este promedio regional se ocultan marcadas diferencias de un país a otro, sostiene el texto.

Los mal llamados «accidentes» –pues la primera convicción es que son prevenibles y evitables– y entre los cuales se contemplan los de tránsito, ocupan en Cuba de acuerdo con el Anuario Estadístico de Salud del 2016, la quinta causa de muerte en el país, con una tasa de 49 por cada 100 000 habitantes, y 5 505 defunciones el pasado año. De estas muertes, 916 correspondieron a siniestros de vehículos de motor y 130 a otros «accidentes» del transporte.

Mientras tanto, según datos ofrecidos a la prensa por la Dirección Nacional de Tránsito, en los últimos cinco años se produjeron en el país 56 605 «accidentes» del tránsito, con un saldo de 3 696 fallecidos, 42 171 lesionados, y pérdidas económicas estimadas en 2 500 millones de pesos.

Escasa percepción de riesgo por parte de la población; la existencia de un parque vehicular envejecido, con limitaciones técnicas y de seguridad; deficiencias en el estado de la infraestructura vial y de la señalización, entre otros aspectos, fueron considerados por las autoridades competentes como los factores de riesgo fundamentales que inciden en estos hechos.

Pero, entre las principales causas que mayor mortalidad han producido en el último lustro, resalta la conducción de vehículos a exceso de velocidad o bajo los efectos del alcohol; los animales sueltos en la vía y el no respeto al derecho vial, explicaron.

La velocidad, excesiva, inapropiada, la gran enemiga que carga sobre sí una de cada tres muertes por causa del tráfico a nivel mundial, y vuelve a poner sobre la mesa que solo un sólido compromiso político será la clave para enfrentar la crisis en materia de seguridad vial que afecta a todos los países.

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Recordar y reconocer que se debe hacer mucho más, desde ya, para evitar la trágica pérdida de vidas, es el mensaje del Día de Conmemoración de las Víctimas del Tránsito, celebrado este domingo, el tercero de noviembre, y que tuvo lugar por primera vez en Reino Unido, en el año 1993.

En ello insistió el doctor EtienneKrug, secretario del Grupo de Colaboración de las Naciones Unidas para la Seguridad Vial, para quien las víctimas son todos aquellos millones de personas que han perdido a sus seres queridos en las carreteras del mundo, «familiares y amigos en duelo cuyas vidas han cambiado para siempre».

«Hace dos años los gobiernos del mundoestablecieron el ambicioso objetivo de reducir para el 2020 en un 50 % las muertes y lesiones causadas por el tránsito», dijo Krug, quien coloca el diseño de carreteras y vehículos seguros, la gestión de la velocidad, el cumplimiento de las leyes de tránsito y la atención de emergencia a las víctimas luego del hecho, como las medidas fundamentales para la consecución de esta meta.

«La mejor manera de honrar a las víctimas, es que los gobiernos cumplan con los compromisos contraídos en el Deceniode Acción para la Seguridad Vial 2011-2020 y para los Objetivos de Desarrollo Sostenible, antes de que sea demasiado tarde».

Los números son a veces engañosos. Contamos las víctimas fatales, y las que no lo son, en algunos casos. Y olvidamos cada día que hay otro mundo de personas detrás que sufre, y que merece sentir que se hace algo para ahorrarle ese recuerdo, o ese olvido, a otra familia. Ignoramos, el dolor emocional, psicológico… no pensamos incluso en el estrés económico que deja la pérdida de uno de los contribuyentes al sustento familiar, o lo que supone cuidar a alguien con discapacidad.

Ojalá estas líneas sirvan para recordar, pero también para reflexionar y hacer, que es el mejor modo de cambiar.

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